Parole Nere es el espacio donde May Acebes da voz a los libros que, bajo su prisma, tienen algo que contar y transmitir.
Repasando siempre un poco la biografía de cada autor, así como la esencia del libro que recomienda, cada semana pretende invitar a la lectura a todo aquel que quiera adentrarse en este maravilloso Arte.
"Grito: ¡Estoy vivo! Estoy aquí, les digo, estoy aquí, no me he muerto. Pero no me oyen, no me sienten ... Jimena alza su rostro hacia Fran, rodea con sus brazos su espalda, Fran le aprieta contra su pecho, se funden en un abrazo. Yo los miro. Veo cómo se abrazan y entiendo de pronto en un instante lo que no pude o no quise entender a lo largo de tantos años ..."
Durante su muerte clínica, Federico Castell, prestigioso arquitecto, ve el abrazo de su hermano Fran y de su mujer, Jimena. A partir de entonces vive el infierno de la duda y disecciona de manera febril los gestos más simples. Nada es lo le pareció siempre.
Mica es una enfermera que tiene un don especial: una fuerza vital que se trasmite a través de sus manos, "mágicas". Ni Federico ni Mica creen en el Más Alla, aunque los dos reciben señales de que no todo se acaba con la muerte. Y ambos han vivido en el pasado un episodio amoroso que sigue influyendo en su presente.
El abrazo es una hermosa novela de personajes de piel y emociones reales, ante los que el lector formará partido. Con su humor característico, Marina Mayoral nos cuenta esta historia de amor y de misterio que mantiene el suspense hasta la última línea.
"El protagonista de la nueva novela de David Foenkinos trabaja en un despacho de arquitectos y parece un feliz hombre de familia.
Una mañana despierta con un dolor de espalda insoportable. Después de someterse a varias pruebas, los médicos no consiguen encontrar el problema. Desesperado, acude a todo tipo de especialistas: fisioterapeutas, psicólogos... Durante este periplo, los cimientos de su vida empiezan a resquebrajarse: pierde su trabajo, su mujer le pide el divorcio... Lo único que permanece es el dolor de espalda. Y es que su espalda está llena de nudos; cada uno de los momentos tristes que ha vivido parece haberse atrincherado en ella para siempre. Debe deshacer estos nudos, y para ello enfrentarse a sus frustraciones: decirle a sus padres lo que realmente siente; hablar con esa niña (hoy ya mujer) que le rechazó en la escuela; superar la muerte de John Lennon, su ídolo….
A medida que el protagonista reconstruye su vida y descubre la felicidad, el dolor va desapareciendo."
Berta Dávila propone la historia y Roy Orbinson la música... Mystery Girl, canción para el libro, El último libro de Emma Olsen
"Emma Olsen afronta sus últimos meses de vida y sabe que la muerte no tardará en llegarle. Mas Emma Olsen es escritora, y decide dedicar el tiempo que le resta a terminar una novela que no es exactamente una novela, sino una crónica en primera persona de los años más importantes de su vida, los del final de la adolescencia. Escribe para revelarnos una historia de secretos escondidos durante mucho tiempo. Y para eso regresa a faith, la pequeña ciudad perdida del Medio Oeste norteamericano en la que nació, un lugar en el que parece no acontecer nada interesante pero que oculta un universo de mentiras y conflictos entre sus pocos y singulares habitantes."
Seda es una bellísima historia de amor, disfrazada de libro de viajes. Hervé Joncour, el viajero, no es el verdadero protagonista, por que ésta es la historia de tres mujeres que manifiestan su amor en un gesto, que se convierte en metáfora de cada una de sus vidas. Seda es un hermoso libro de viajes, disfrazado de historia de amor. Alessandro Baricco nos cuenta el viaje como una escena estática, que utiliza para crear la sensación de distancia, de alejamiento de las raíces. El tránsito no importa, por que ésta es la historia de otro viaje, del viaje interior de Hervé Joncour, que como muchos nómadas, termina encontrando una cierta paz en su jardín. Seda no es una historia, es una galería en la que el autor ha colgado los retratos de sus personajes. Son telas con pocas pero hábiles pinceladas, que recrean un mundo irreal y mágico habitado por seres más parecidos a héroes mitológicos que a burgueses de finales del Siglo XIX. Seda puede que ni siquiera sea un libro, y se trate de un complejo "Kanji", o ideograma chino, que Alessandro Baricco se ve obligado a inventar, para dar nombre a esa melancolía que produce la vida cuando pasa.
Los secretos y rencores que alberga la mansión de las hermanas Lacroix, como se la conoce con respeto en la pequeña ciudad de provincias, encierran al cabeza de familia en una inmensa soledad. Sus moradores se refugian, según sus caracteres,en el misticismo, la especulación filosófica y artística, y un odio meticulosamente alimentado, ya sea desde la prepotencia o la debilidad. La inexorable huida de la generación joven, o su invasión de los espacios nobles, abocará a las hermanas a una convivencia relegada a compartir definitivamente recuerdos y mezquindades que nunca quisieron olvidar.
"(...) Había ido allí para tratar de abrir una puerta, pero su obstinado guardián se había negado a dejarle pasar. Ni siquiera se había dignado a mostrarle su cara por mucho que él se hubiera empeñado en llamarle. Solo le había dicho: "No sirve de nada llamar: Abre tú mismo la puerta y entra". Le había dado muchas vueltas a cómo hacerlo, había trazado un plan detallado, pero al final fue incapaz de lograr su objetivo. Se encontraba exactamente en el mismo punto en el que estaba antes de empezar a buscar una solución. Se había quedado de pie frente a la puerta, ignorante, impotente. Durante años había dependido exclusivamente de su discreción. Era una ironía del destino que justo en ese momento, esa misma discreción se hubiera transformado en maldición. Envidiaba de corazón la simplicidad de los tontos que siguen su camino sin pensar en nada, sin lamentarse por sus limitaciones. Sentía también una particular reverencia y devoción por la gente sencilla anclada en sus creencias, ajena por completo a cualquier duda intelectual. Tenía la impresión que desde niño había estado maldito, condenado a quedarse para siempre en el umbral de la puerta, incapaz de traspasarla. No había nada que pudiese hacer. Si la puerta era en verdad infranqueable, haber ido allí ya constituía de por sí una flagrante contradicción. Echó la vista atrás y examinó su pasado. Sabía que no tendría valor para volver sobre sus pasos, para recorrer de nuevo el mismo camino. Contempló la puerta frente a él, cerrada a cal y canto. Supo que nunca se abriría para mostrarle lo que había detrás. Su destino no era cruzar su umbral, pero tampoco se iba a sentir satisfecho con quedarse fuera. Tan solo era un pobre diablo condenado a quedarse allí agachado esperando a que cayera la noche".
Centenario de ‘La Metamorfosis’, de Franz Kafka, el amante dubitativo
"Frank Kaffa dibuja en La Metamorfosis al hombre de hoy, llevando sobre sí una soledad y una frustración permanente, desenvolviéndose en una sociedad saturada por fuerzas desconocidas, fuera de la comprensión y más aun de control y, por consiguiente, afrontada con temor y cuestionamientos. De la misma manera que el humano actual sobrelleva su propio desarraigo en la cotidianidad Kafka lo hizo sobre el papel, enfrentándose a su entorno y finalmente consigo mismo, en una lucha que duró hasta su muerte y que para el hombre actual continúa sin treguas o términos. Quizás cuántas veces, tal como seguramente lo experimentó Kafka, nos hemos sentido como un insecto, como un monstruo escuchando y tratando de darle significado a los sonidos del mundo a través de las paredes de una habitación, un mundo obviamente con un sentido pero uno extraño, del cual nos hallamos excluidos.
En una carta escrita en 1919 para su padre el autor expresa su convicción de que éste le consideraba un parásito. Por esto y por los antecedentes antes expuestos, es evidente que la presencia de ese insecto no es solo un truco literario, sino que venía predeterminada por fuerzas no analíticas, manifestantes de la identidad más profunda y, por lo tanto, más verdadera. La novela fue escrita como una escapatoria, realizada en medio de las sombras con tal de ser lo más secreta posible, pero ejecutada tan impremeditadamente, tan vehemente, tan visceralmente, que es descubierta fácilmente. Su literatura es solo la expresión leal de sí mismo, tanto en su contenido como en su elaboración. Kafka escribió La Metamorfosis inspirado por las imágenes de un sueño. A la mañana siguiente se pondría en campaña para escribir tan excéntrica obra. Sin embargo, tal labor debería hacerse con esfuerzo, en medio del desvelo y el cansancio de los días trabajando en una compañía de seguros (Kafka se graduó como doctor en Derecho en 1906). Gracias a las cartas que el escritor envió a Felice Bauer, sabemos del angustioso proceso de creación que inició el 5 de noviembre:
Ojalátuviera libre toda la noche, para dedicarla a escribir de un solo tirón, sin abandonar la pluma. Sería una noche maravillosa.
Así le gustaba trabajar; queriendo encausar todos sus esfuerzos en plasmar las imágenes elaboradas por su mente, sin más afán que buscar una liberación siempre dolorosa pero finalmente saludable, dejando en muy segundo lugar la publicación. Durante el proceso de creación, novela y escritor se hicieron uno, indispensables uno del otro para ser comprendidos.
Finalmente, como convencido que su obra era tan enrarecida como él mismo, que no sería comprendida por ese mundo que le rodeaba, encargó antes de morir en 1924, a su amigo y colega escritor Max Brod, que destruyera todas sus novelas, cuentos y diarios. Pero finalmente éste no cumplió. Esta sería redescubierta gracias al entusiasmo que experimentaron por ella varios eximios escritores como André Breton o Sartré. Solo después de 1957 se pudo encontrar en las librerías de Praga, ciudad donde vivió toda su vida, ediciones de La Metamorfosis. Desde entonces, la fuerza de su obra ha sido tan importante que el término “kafkiano” se aplica a situaciones sociales angustiosas o grotescas. Frank Kafka se enfrentaría a Gregorio Samsa en una reyerta que sucumbiría con la muerte de uno en manos de la tuberculosis, y del otro, bajo la inanición y las heridas, sobre el suelo de una casa abandonada por sus moradores. La imagen final; la propia familia en un vagón de tren rumbo al sosiego otorgado por la esperada muerte del hijo, del hermano, del insecto, revela al lector ejecutante de la segunda lectura de este relato la condición, primero de Kafka, luego de Gregorio Samsa, y finalmente del hombre moderno."